LAS FUENTES DE ENERGÍA Y EL USO DE LA ENERGÍA

  

   Por la amenaza del cambio climático catastrófico y los aumentos en los precios del petróleo, el interés público se está cada vez más focalizando en las energías renovables o, mejor dicho, en las fuentes renovables de energía.

   La energía que utilizamos en nuestra vida cotidiana se genera a través de fuentes de energía. Según la “ley de la conservación de la energía” la energía no se produce ni se destruye sino sólo se convierte de una forma a otra. Consecuentemente, no producimos energía sino la generamos o la convertimos a partir de fuentes de energía para hacerla utilizable, es decir convertirla en energía útil. Lo que llamamos pérdida de energía es una pérdida de energía útil. Minimizar esa pérdida significa simultáneamente un aumento en eficiencia energética.

Una forma de energía que utilizamos es la electricidad, otra forma es el calor, por ejemplo en el calefón dónde calentamos agua a través de la combustión de gas.

De unas fuentes de energía se utiliza directamente su energía mecánica para convertirla en electricidad, como en el caso de la energía eólica y la hidráulica, donde se utiliza el movimiento de los elementos para impulsar a una turbina. No obstante, hoy en día la mayoría de los procesos para generar electricidad se basan en la producción de calor a través de procesos de combustión de recursos fósiles (Fig. 1). El calor vaporiza agua y luego el vapor se utiliza para activar una turbina que genera la electricidad. En el caso de la energía nuclear el calor se produce a través de un proceso físico que es la fisión.

Producir calor a través de electricidad significa una pérdida de eficiencia, debido a que cada proceso de conversión de energía implica una pérdida de energía útil. En el caso en el que se produce calor con una calefacción eléctrica, se tiene que primero producir electricidad, por lo general a través de procesos de combustión, con una eficiencia de generalmente menos de 70%, y luego se convierte la electricidad nuevamente en calor, de nuevo con pérdida de energía útil. Por lo tanto, es oportuno utilizar la energía térmica directamente, donde se pueda.

Como ilustra la Figura 1, más del 65% de la electricidad del mundo en 2004 se generó a través de combustibles fósiles como el gas, el petróleo y el carbón. Alrededor del 18% de la electricidad se produce mediante fuentes renovables de energía, y de ese porcentaje, más del 90% lo compone la energía hidráulica (Observ’ER).

 

 

 

Figura 1: Composición de la producción de electricidad en 2004. (fuente: Observ’ER)

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